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13 de mayo de 2026

¿Estamos frente al fin del tratamiento oral diario en VIH?

Dra. Alicia Sciaraffia Rubio

Por: Dra. Alicia Sciaraffia Rubio

Inmunología y Alergias

Hospital Clínico de la U. de Chile

Docente Facultad de Medicina U. de Chile

Comité Consultivo VIH SOCHINF

 

Reflexiones a propósito del estudio publicado por  Colson et al.: islatravir + lenacapavir semanal oral vs BIC/TAF/FTC 

 

La terapia anti retroviral (TAR) disponible en la actualidad ha alcanzado niveles de eficacia y seguridad que han transformado de manera sustantiva el pronóstico del VIH. Este avance nos permite hoy desplazar parte del foco hacia un objetivo igualmente relevante: optimizar la calidad de vida de las personas que viven con VIH. En este contexto, y considerando que la adherencia sigue siendo un desafío clínico significativo, el estudio de Colson et al. (Ann Intern Med. 2026;179:168-176. doi:10.7326/ANNALS-25-01939) introduce una estrategia prometedora: un esquema completamente oral de administración semanal basado en islatravir y lenacapavir.

 

 

Los resultados de este ensayo fase 2 muestran que un régimen semanal es capaz de mantener tasas de supresión virológica comparables a un esquema estándar diario basado en bictegravir/emtricitabina/tenofovir alafenamida, con aproximadamente un 94% de los pacientes con carga viral indetectable a las 48 semanas. A esto se suma un perfil de seguridad favorable, sin eventos adversos graves relacionados con el tratamiento y sin impacto clínicamente significativo en los recuentos de CD4 o linfocitos, aspecto relevante a la luz de preocupaciones previas asociadas a islatravir. 

 

 

Uno de los hallazgos más relevantes es la alta adherencia observada en el grupo que recibió terapia semanal (98% vs. 86,3%), lo que abre una discusión clave: ¿hasta qué punto la carga diaria del tratamiento influye en la adherencia, incluso en pacientes virológicamente controlados? Diversos estudios han documentado la “fatiga de tratamiento” y las implicancias psicoemocionales de la toma diaria de TAR, variables que, hasta hace poco, tendían a subestimarse en la práctica clínica habitual.

 

 

Además, desde una perspectiva farmacológica, la combinación de un inhibidor de la transcriptasa reversa/inhibidor de la translocación con un inhibidor de la cápside representa un enfoque innovador, con mecanismos de acción complementarios y sin resistencia cruzada conocida. Esto no solo amplía el arsenal terapéutico, sino que también plantea interrogantes sobre su potencial rol en distintos escenarios clínicos.

 

 

No obstante, los resultados deben interpretarse con cautela. Se trata de un estudio con tamaño muestral limitado (52 participantes por grupo), realizado en un solo país, con diseño abierto y en una población altamente seleccionada: personas virológicamente suprimidas y sin antecedentes de falla terapéutica por resistencia, CD4 mayor a 500 cel/ml. Estas características, sumado a que es un régimen sin cobertura para VHB, restringen la extrapolación de los hallazgos a contextos más diversos, incluyendo nuestra realidad latinoamericana.

 

 

Más allá de sus resultados, este trabajo invita a reflexionar sobre aristas tangenciales al esquema evaluado: ¿podría la frecuencia de administración transformarse en un determinante clínico tan relevante como la potencia antiviral o la barrera genética? ¿Estamos frente a una nueva categoría terapéutica o ante una transición entre la terapia diaria y las estrategias de acción prolongada inyectables? ¿En qué perfiles de pacientes tendría mayor impacto? ¿Y hasta qué punto es posible alinear la potencia terapéutica con la vida real?, redefiniendo el marco de discusión sobre cómo tratamos el VIH en la actualidad.

 

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